Los
males del Alzehimer o la demencia senil pueden tocar la vida de
cualquiera, aun si no somos los portadores de ellas son enfermedades
o estados mentales que afectan a todos los que están a su alrededor
y hasta ahora son simplemente imparables, en consecuencia nos toca
ver como empeoran con el tiempo.
Los
que estamos cerca de personas que pasan por esto, vemos
como nuestros seres queridos dejan de ser ellos mismos con sus
defectos y virtudes para convertirse en personas con miradas fijas
hacia el infinito que desconocen la mayor parte de sus vidas y de lo que sucede en su
entorno; a mi particularmente me toco presenciar esta enfermedad a
través de mi abuela, vi como el doloroso progreso de este mal le iba
quitando todo, sin dejarnos la esperanza de que algún día volviera
a ser ella misma, cuesta mucho aceptar ese proceso y asumir que
muchas cosas se fueron y ya no volverán, aunque nos aferramos a los
pocos destellos de lucidez que tienen y los celebramos, debemos
forzarnos a entender que con el tiempo esto también desaparecerá y
por supuesto no es fácil.
Cuando
desconocía bastante el motivo de esta perdida de facultades
mentales, tal vez por mi edad, intentaba recuperarla de ese universo
en el que solo se encontraban ella y sus pensamientos, trataba de
recobrar lo mínimo que aun mantenía en su memoria, le enseñaba los
números una y otra vez, le leía una y otra vez, le hacia peguntas
sobre su vida una y otra vez, intentando hacer de lo imposible algo
posible y aunque no estoy seguro se su existencia siempre esperaba un
milagro, pero al final eso es el amor intentarlo hasta el cansancio
porque sabes que el sentimiento esta ahí y no quieres perderlo.